Patria

https://www.youtube.com/watch?v=4M6X5BQepAs
Primer ejercicio de Legado preservando memorias de la crisis en Venezuela. (Vídeo)

Patria, Patria, Patria Querida
Tuyo es mi cielo, tuyo es mi sol
Patria, Patria, tuya es mi vida,
tuya es mi alma, tuyo es mi amor.

Legado

LEGADO

nos dejaron unos nombres, nos dejaron memoria-

 

Legado es un proyecto conformado por una serie de vídeos que intentan preservar la memoria de la actual crisis en Venezuela.

Los vídeos son ejercicios que buscan desnaturalizar todo aquello que nos violenta, haciéndole resistencia a esa peligrosa capacidad del ser humano, de omitir u olvidar las injusticias y los atropellos de sus derechos.

A través de las diferentes entregas de Legado, se plantea un espacio de reflexión sobre la violencia y la represión que actualmente se vive en Venezuela.

El proyecto surgió de la unión de un grupo de venezolanos que residen en Argentina, quienes, a través del lenguaje audiovisual y la difusión de las redes sociales, intentan hacer un aporte en pro de la defensa de los derechos humanos en su país natal.

Durante el proceso de investigación y concepción del proyecto, los responsables del mismo hallaron en el portal web prodavinci.com una serie de relatos que resultaron de entrevistas realizadas por el fotógrafo Roberto Mata, a víctimas de la actual crisis en Venezuela, y es en base a estos relatos sobre los que se construyen algunos de los videos, como es el caso del testimonio de Mónica Carrillo D’Lacoste, madre de Armando Cañizales, el cual ya está circulando en las redes sociales bajo el título de Armando.

Los ejercicios de Legado, se pueden encontrar en:

Instagram: @legadoproyecto

Facebook: @legadoproyecto

Twitter: @legado_proyecto

Mueres

Te despiertas, peleas contra la escasez y logras desayunar (primera lucha del día). Te sientes afortunado al ver en tu mesa una arepa y café, lo normal y sencillo se ha vuelto toda una reliquia en Venezuela, la comida típica del venezolano hace mucho que dejó de ser algo cotidiano.

Es día de manifestación y vas a ir. Tienes que ir, el corazón te lo suplica, tu subconsciente te lo reclama, la situación del país te lo exige.

Ya no soportas ver que te arrebaten de las manos el país, TU PAÍS, que el Gobierno se crea dueño de tu futuro, evapore tus oportunidades, aplaste tus sueños. Te cansaste de ver a tu mamá angustiarse por que no has llegado a casa o porque el sueldo mínimo no alcanza para nada. Ya no quieres ir a Maiquetía a despedir más amigos, dar abrazos y cantar cumpleaños vía Skype. Ya no piensas quedarte con los brazos cruzados.

Desde abril el morral donde llevabas los cuadernos a la universidad lo llenas con tu casco, una franela, vinagre, tus lentes de natación, (sí esos que antes protegían tus ojos del salitre ahora lo hacen del gas) y Malox. Pensando en lograr un cambio por el país, sales, pensando que no es tu día, que no vas a morir, sales a protestar.

Al salir, esta vez te toca pelear con las trabas del Gobierno evitando que expreses tu descontesto (segunda lucha del día); todas las estaciones del Metro están cerradas, una vez más demostrando que las instituciones responden y sirven al Jefe de Estado de turno y no a la sociedad; después de completar toda una odisea logras llegar al punto de salida de la marcha.

No hay que esperar mucho para que empiece la represión, el juego, la mayor distracción de la Guardia Nacional Bolivariana y la Policía Nacional Bolivariana, sí, esos que juraron estar a disposición del pueblo y defenderlo, se han convertido en sus verdugos.

No entiendes porque en pleno siglo XXI a Venezuela ha vuelto la lucha de la civilización contra la barbarie, ves en la calle a miles de Doña Bárbara contra Santo Luzardo. Piensas que Boves con su ejército realista ha regresado, esta vez disfrazado de “Socialismo”.

Sacas tu franela que hace el papel de pasamontañas, reemplazas tus ojeras por el Malox, te pones tus lentes y tu casco, porque bombas, perdigones (a veces hasta balas), es lo que sobra y de que vuelan, vuelan.

Escuchas motos y con ellas llega la nube de gas lacrimógeno; la multitud empieza a correr, unos se tropiezan y caen, otros se esconden, unos necesitan ayuda de lo ahogados que están para caminar; no sabes que es más ensordecedor si los gritos pidiendo ayuda o las detonaciones.

Entre tanto caos te preguntas:

¿Quiénes se han creído para no dejarnos protestar? ¿Para no dejarnos movilizar?

¿Qué tienen en el corazón para la desmedida represión contra un pueblo desarmado? ¿Se habrán enterado de que solo somos humanos?

¿Quién habrá sido tan cruel como para dar la orden de reprimir, de matar?

Las horas pasan, la represión y la violencia hacen de su lugar favorito Venezuela; la GNB y la PNB usan sus escopetas a diestra y siniestra, ves como agreden, golpean y matan a los que protestan, para ellos las marchas representan un parque de diversiones y su sonrisa en el rostro lo demuestra.

Las calles son bañadas de sangre, pisotean con cada disparo el legado de libertad de Simón Bolívar del que tanto hablan, escupen la democracia, la exterminan; se han convertido en soldados de pacotilla, las únicas batallas que ganan son esas donde el violentado solo tiene dos piedras para defenderse y ellos una tanqueta. Que impotencia sientes al ver que utilizan contra civiles vehículos, armas de guerra. Ya ha quedado más que claro que “su divisa es la violencia”.

Las detonaciones se vuelven la melodía de la calle, el gas lacrimógeno en la esencia aromática, bombas tras bomba, el humo te ahoga, la garganta te pica, los ojos te lloran, por el gas, por Venezuela, los perdigones atraviesan cuerpos, tatúan pieles.

En cuestión de segundos, un guardia acciona su arma de fuego, la bala te impacta en el tórax, te destroza la piel, los músculos, los huesos, y en alguno de tus órganos se queda alojada, agonizas, caes al suelo…

Sales y no piensas que va a ser tu día, que vas a morir, solo piensas en luchar por tu país.

Y mueres.

Tú mueres mientras Maduro está bailando en cadena nacional.

Mueres mientras los que lideran el país están robando.

Mueres mientras el Vicepresidente está transportando droga.

Por culpa de personas hambrientas de poder y dinero, mueres.

Tú por querer un país con oportunidades, mueres.

Por no conformarte con una caja de alimentos una vez al mes, mueres

Por querer marchar hasta la sede de un organismo público, mueres.

Por no querer vivir en una dictadura, mueres.

Por no querer (poder) emigrar, mueres.

Por querer una mejor Venezuela, mueres.

Me duele el tricolor.

Luego de los últimos eventos de protestas que han tenido escenario en Venezuela, el corazón me ha llorado, me ha llorado como un niño chiquito exigiendo su chupeta, o para adecuarme a la situación: como todo un patriota queriendo dar la vida por su país. El corazón me ha llorado de impotencia, de rabia, de frustración. La desinformación juega con nosotros, nos aniquila, nos inunda de nerviosismo, de miedo, nos ahoga en angustia. La censura nos trata de poner una venda en los ojos, y un tapón en cada oído.

Han pasado tres semanas desde el primer llamado a manifestar PACÍFICAMENTE, que luego del comportamiento de los cuerpos de seguridad del país, se han convertido en tres semanas de intranquilidad, de ansiedad, de inquietud. Tres semanas con la mente dispersa; los pensamientos revolotean de aquí para allá, miles de preguntas me atormentan después de ver tanta maldad entre nosotros mismos, me carcomen el alma; me exigen respuestas, las cuales no consigo, y espero que ellos sí.

Preguntas para todos aquellos venezolanos que han levantado un arma en contra de otro venezolano:

¿Cómo pueden disparar con el fin de matar a mansalva?

¿Pueden dormir en paz luego de extinguir de la tierra un alma?

¿Cuántos son los fantasmas que los persiguen en la noche?

¿Cuántos muertos son los protagonistas de sus sueños?

No entiendo como el dinero puede seducir a la honestidad, cegar la moral, moldear los valores y los principios. No descifro lo insaciable que te puede volver la avaricia, la ambición, la codicia. No me explico por qué la represión, la violencia, la insensibilidad. ¿Tanta crueldad hay en el mundo?

Dudo mucho que herir con perdigones a sus hermanos venezolanos los haga sentir bien, que disparar bombas lacrimógenas con las que otros se ahogan los deje libre de remordimiento. No creo que después de matar a alguien que estaba protestando pacíficamente puedan dormir tranquilamente, y quiero creer que cada noche la conciencia los atormenta, que cada mañana la culpa los consume. Quiero creer que eso es así.

Entérense que no me asfixia el humo, no me asfixia el gas.

Me asfixia el hambre, la escasez, la impotencia, la rabia, las lágrimas, la inseguridad, la injusticia, la indiferencia.

Entérense que no me duele el impacto de los perdigones.

Me duele mi país, me duelen las muertes inocentes, la represión, la desesperanza de algunos, los sueños arruinados de muchos otros, las personas que han tenido que migrar (huir de su país), las familias destrozadas.

Y a pesar de todo, de que la muerte amenace con visitarme, de que el odio invada cada calle que transito, y que a diario me aceche el delito; lucho por un cambio, por un nuevo gobierno, por un nuevo camino.

Porque sigo creyendo que todavía queda un poquito de conciencia y humanidad en el ser humano. En que todavía hay corazones cálidos y bondadosos, aquí en mi tierra Venezuela. Que a pesar de todo lo que hemos pasado y los malos momentos, no es tarde para recuperar nuestra esencia tropical empapada de gentileza.

Y entre tanta maldad, entre tanto caos, me detengo para ver quien está a mi lado, y pienso en la situación de él o ella, que no debe ser nada diferente a la mía, ya que todos estamos viviendo el mismo calvario; y una vez más ocurre el estadillo, la estampida de preguntas para las personas que dirigen el país.

¿Cómo logran dormir tranquilos? (si es que lo hacen).

¿No se despiertan pensando cuántas personas en todo el país murieron en las últimas 12 horas?

¿Cuántas de los millones de personas que forman parte de la población llevan sin comer 24 horas?

¿Tan impasibles son ante la situación?

¿Tanto engordaron su vista gorda?

¿No temen que al que visite la muerte injustamente mañana sea un familiar?

Vivo, siento, y lloro una Venezuela destrozada.

Imploro, ansío, y anhelo que te pueda volver a llamar Tierra de Gracia (de gracia y más).

Espero que todos los venezolanos te podamos salvar, expulsar de ti a los tiranos, a los que te quisieron encadenar a la miseria. Porque madre, ellos te vieron desde la primera fila caer, ellos te apuntaron con sus fusiles y te dispararon a quema ropa, ellos te pisotearon, ellos te hundieron. Porque madre, ellos no pueden ser llamados tus hijos, su corazón no tiene los colores del tricolor.

Ya has sufrido suficiente.

Ya has aguantado mucho.

Ya has perdido demasiado.

Desnudemos el odio, desarmemos la violencia, seamos promotores de cambio y amor.

Nos diste tanto que ahora nos toca a nosotros dar todo por ti, nos toca defenderte en la calle.

Y cuando salgamos a la calle,

que nuestro escudo siempre esté lleno de olivos y palmas,

que nuestra capa siempre sea la bandera, el tricolor,

y el Gloria al Bravo Pueblo, nuestro grito de guerra.

Si vamos a perder algo, que sea el miedo, pero que nunca te perdamos a ti, Venezuela.

Vamos a bañarte de libertad “pequeña Venecia”.

Ya no amanece

“When governments fear the people, there is liberty. When the people fear the government, there is tyranny. The strongest reason for the people to retain the right to keep and bear arms is, as a last resort, to protect themselves against tyranny in government.”

Thomas Jefferson

 

En mi país,

ya no amanece,

todo es oscuridad.

Te despiertas,

y no escuchas pájaros,

escuchas gritos,

violencia, tiros.

Te asomas a la ventana

y están allanando la casa de tu vecino.

En mi país llueve la violencia,

víctimas de destrozos,

víctimas de delitos,

víctimas del gobierno maldito.

Los habitantes de mi país,

están en una guerra,

se cansaron de la tiranía,

alzan sus voces

y salen a protestar.

En las calles de mi país no hay miedo,

pero si represión,

al suelo caen los sueños,

al futuro lo quieren muerto,

lo quieren en prisión.

El aire de mi país viene cargado de dictadura,

vuelan bomba, vuelan balas.

Corre, corre,

que la delincuencia te atrapa.

Corre, corre

que los policías te agarran.

Un, dos, tres,

detonaciones,

¿Serán balas

o serán perdigones?

El cielo de mi país se tiñe de rojo,

pinceles punta de fusil,

sangre manchando el asfalto,

la orden es matar a los venezolanos.

En mi país,

ya no amanece.

Ya no se ve la libertad brillar.